🇬🇷 Grecia respira entre las cenizas 🚒 a causa de los incendios 🔥

July 26, 2018

 

La “catástrofe” está en boca de todos los griegos. El incendio con epicentro en Mati es ya el segundo más mortífero del planeta en lo que llevamos de siglo. Doroteos, el pope del lugar, maneja datos aún más lacerantes que los del Gobierno: “Sólo en mi parroquia hay ochenta y seis muertos”. A los que hay que sumar setenta hos­pitalizados –once muy graves– y “muchos desaparecidos”. Por lo menos cuarenta.

Por todo ello, un gran despliegue de protección civil seguía ­rastreando ayer, una a una, las cerca de tres mil casas total o parcialmente quemadas. Muchas de ellas, segundas residencias de atenienses. En grupos de diez y con cascos de espeleólogo, se les veía ayer entrar en chalets ennegre­cidos y a menudo sin techo. A mediodía, sin novedad. 

El fuego está extinguido, pero desde Rafina hasta Nea Makri, las partículas de hollín irritan la ­nariz en poco rato. Mati queda justo en medio y el hotel del ­mismo nombre es de los pocos que ha permanecido abierto. Y Fred, “sastre en Savile Row”, es de los pocos turistas que tampoco piensan cambiar de planes. El lunes, recién aterrizado en la piscina, comentaba “el calorcillo” a su esposa, cuando alzó la vista y vio el horizonte en llamas. Tras subir “a recoger pasaporte y tarjetas”, bajó hasta la orilla, a un tiro de piedra. “Al cabo de poco explotaban coches y bombonas”. Los hidroaviones y el helicóptero –que ayer seguía rociando las lomas– los salvaron “del caos”, opina. 

“Tuve que estar en el agua desde las seis de la tarde a las tres de la madrugada” 

Hasta bien entrada la noche del martes, prácticamente las únicas luces en la zona –evacuada y más o menos precintada– eran las de protección civil, bomberos y grúas, retirando cientos de coches calcinados.

A quien tampoco sacan del hotel es a una septuagenaria flamenca de cabello rapado, Josianne, que dice llevar “veintisiete años” frecuentándolo. “Tuve que estar en el agua desde las seis de la tarde hasta las tres de la madrugada”, suspira. “Vi una mujer herida y también a un niño con quemaduras graves, al que evacuaron con el primer barco, pero no muertos”. 

El caso es que los fallecidos fueron, precisamente, aquellos que no lograron alcanzar la orilla, a veces por el propio embotellamiento producto del pánico o por los acantilados. Aquel mar agitado era ayer un lago, sin ninguna embarcación y sin bañistas.

En tierra, Kalodikis –que trabaja en una empresa de logística– y sus padres llevan dos días durmiendo en el coche porque el albergue municipal no admite perros. Su familia –y el can– no tienen otro domicilio que el que asoma calcinado en una de las calles peor paradas. “Nunca había visto un viento así”, recuerda Kalodikis. “Por la radio, el alcalde decía que soplaba en una dirección sin riesgo, pero cuando volví de trabajar vi que no era así. Forcé a mis padres a coger el coche y a tres vecinas ancianas las metí en otro. Creo que las salvé, porque en cinco minutos llegaron las llamas y ardió todo”. Y añade: “Luego logré burlar a la policía, volver de madrugada y abrir la puerta de casa, pero la temperatura era tan alta que solo pude dar tres pasos”. 

 Fuente: La Vanguardia 

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